Mes: noviembre 2015

Violencia y feminismo

Se dice, se escribe, se debate por qué el grueso de las mujeres e identidades oprimidas por el machismo y situadas abajo en el patriarcado, no usan la violencia frente a sus agresores (y no hará falta explicar que cualquier tipo de agresión es siempre violenta). Me interesa por qué no usamos la violencia porque creo fervientemente en que esta sólo puede combatirse con la misma. (genera espiral? es cierto, tu combates sin ella y contra ella y detienes por completo la violencia, está muy claro).

Quizá es porque hemos estado tanto tiempo oprimidas (des) que nos han inmovilizado, nos han quitado esa parte que es tan nuestra como de cualquier otro ser humano, la víscera, el descontrol, la sed de sangre, la necesidad de justicia, la búsqueda activa de la misma. (Justicia entendida bajo términos propios que engloba colectivos, no como algo institucional). Somos ciudadanas, vivimos bajo el yugo del control, un control además moralista. “Si eres violenta o reaccionas con violencia contra quien te agrede violentamente estás siendo como él “ Radica aquí una de las mayores barbaridades sistémicas que nos han calado en el imaginario de defensa colectivo. Toda la violencia es violencia, pero no toda la violencia es legítima, y es ahí donde estriba la principal diferencia entre ambas separadas por un grueso abismo.

No entra dentro del rol de oprimida el uso activo de la violencia porque. ¿es más coherente evitar la violencia? ¿es más coherente intentar vías pacifistas en mitad del caos? no. Porque hemos sido construídas con miedo a nuestra capacidad de dañar, porque la religión y el civismo ha acabado con la sed de sangre o con si quiera la posibilidad de plantear otros caminos, sinceramente, más rápidos y viables.

Estamos perdiendo una batalla si queremos que el estado sea quien juzgue las agresiones (aparato que potencia esas mismas agresiones). Estamos perdiendo si pensamos que desde arriba se puede frenar todo lo que está en todos los puntos de todas las estructuras de todos los niveles y jerarquías sociales. Perdemos si dejamos de creer en que sólo la red tejida entre nosotras podrá darnos una oportunidad de sobrevivir, perdemos si somos incapaces de plantearnos la violencia activa como forma de combatir en nuestro apego, precisamente por la vida.

Cuando hablo de violencia activa lo pongo en relación a cuando decimos “abstención activa”, una contraposición de conceptos contrarios que sin embargo significan algo positivo unidos. La violencia activa es aquella que debe venir tras la concienciación, que conlleva un planteamiento político, es un arma de combate. Y entendemos que esto por contra es completamente distinto a la violencia sin este cariz (esta existe por la violencia pasiva, la que es violencia estructural y procedente desde el poder, detonante de la activa).

Violencia es hablar cuando no te quieren escuchar, es que digas lo que no quieren oír, es que rompas con el patrón autoritario de conducta, es que reacciones ante la agresión, es que identifiques al agresor, y es que le denuncies. Pero siempre y mientras no queramos palpar la sangre, seremos quienes la sigan derramando, manteniendo el status quo, no cambiando visceralmente esta sociedad, que no es de nadie y se nos impone a todas.

Una vez más hermanas, ojo por ojo y diente por diente, que de aquí no salimos.

deathproof