Mes: junio 2014

Contra el arte y el artista

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Qué lleva a las creaciones del ahora, las aclamadas como contemporáneas, a perecer antes de erigirse como si quiera, algo minúsculamente aceptable. Qué lleva a morir en el ego a aquelles que se traducen en artistas, antes de si quiera desarrollarse como tal. Que lleva a la humanidad a preocuparse sólo por sí misma. Qué lleva al arte a morir en la institución y en la crítica.

¿Tal es la pérdida de identidad que encerrarse en une misme para aprender a vivir con une misme sea el hilo argumental de la obra artística? Y tras ese ejercicio autocomplaciente,¿ se conoce mejor que al mundo que le rodea, y en el que vive?.

Gran parte del artisteo actual vive en su ombligo y se recrea en su pelusa. Piero Manzoni embotelló su mierda y la llamó “merda d’artista” atreviéndose con una reflexión fundamental, y una crítica visceral. Duchamp desclasó el arte y erigió la broma a este mismo pedestal. Le salió mal el juego, la broma pasó a ser obra, y el arte pereció entonces sólo un poco más. Ambos fracasaron al intentar golpear el clasismo y elitismo artístico.

Se forman historiadoras que no se han planteado qué es el arte o de qué depende que lo sea, como murciélagos “ciegos” que necesitan la vibración para saber que tienen delante. La vibración es el orden y mandato institucional, lo que dicta que es lo auténtico, que es o no el arte, y mata el planteamiento previo a este hecho. Se forman “artistas” a les cuales tienen la asignatura del ego desde primero de carrera. Es un denso ejercicio ese de vivir para sorprender, para renovar, para innovar. Ese mismo control de lo que no puede ni debe ser controlado es el mismo motivo y causa por el cual a día de hoy hemos de aguantar un bucle nefasto de aquelles que se aclaman como nueves artistes, y que sólo saben hablar de sí mismes. Como coño van a saber hablar de otra cosa, si se les ha aleccionado con todo lo anterior, si están dogmatizades desde el momento cero.

 

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El sujeto artístico se siente frustrado antes de llegar a dar una pincelada, un martillazo o una patada a la obra. Se siente observado y juzgado, y debe demostrar desde el inicio no ser como el resto. Estamos abocades a la pérdida de las esencias por la normatividad y la sorpresa. El arte es la pipa de Magritte afirmando no ser una pipa. Es un Pollock nefasto lloriquendo por llegar a la cima sin saber como, es un Basquiat confundido en la modernidad y llevado al declive. El arte es Deborah de Robertis enseñando el coño frente al origen del mundo de Courbet y siendo expulsada del museo, es una performance echada por la puerta de atrás de ARCO (ah…ARCO), es el silencio obligado en los museos, es estudiar la historia del arte sin conocer que es el carboncillo,es el movimiento contra Marina Abramovic siendo más famoso que Marina Abramovic, es la sacralización del ejercicio más humano, es la miseria hecha estampa.

El arte está muerto. Murió hace mucho. Atentar contra el arte ha de ser el mayor ejercicio artístico que pueda llegar a desarrollarse. La idea de un ejército de Duchamps hiperviolentos masacrando los museos de arte contemporáneo al ritmo de un hilo musical de cagadas y vómitos; sodomizar al público, ese factor servil tan estudiado en la museología, ridiculizar el pedestal. Destruir el pedestal.

Sólo nos queda vomitar todo lo digerido por la fuerza, descubrir a los profetas y asesinarlos mientras duermen. Escribir un manifiesto contra el arte y el artista, exortizar el ego,construir sobre las ruinas del arte, para volver a destruirlo en un tiempo. Hay que romper el status quo, como única forma de sobrevivir a la tormenta.