Cuando “Todo lo sólido se desvanece en el aire”

(el entrecomillado procede de la descripción del vídeo, para su mayor ilustración)

” …me he dado cuenta de que más allá del machismo patriarcal estándar existe este miedo profundo de las mujeres – lo que van a hacer para mí, ¿cómo me van a rechazar , ¿cómo me van a utilizar , cómo están cambiando la sociedad de una manera que no me favorece , la forma en que están haciendo los hombres en algo que no me gusta , cómo lo están haciendo a sí mismos en algo que no me gusta , que no me das lo que quiero , y que no me van a dar lo que creo que es mío por derecho . Esto va más allá del miedo del feminismo – se trata de miedo a las mujeres en estado puro. Y eso , en palabras de un títere , conduce a la ira y el odio.”

Traigo a colación este vídeo de animación porque me ha resultado un ejemplo gráfico buenísimo de lo que ocurre en realidad cuando las feministas empezamos a reaccionar, a querer intervenir,a evidenciar las diferencias por mínimas que sean (eso que desde que Bonino en 1990 se frotó la poya y dijo que se llamaban “micromachismos” y se está poniendo ahora tan de moda en la teórica y retórica feminista). Y ¿cuál es la respuesta en BASTANTES ocasiones? pues otro muro enorme de negación a esa visibilidad,a llamar feminazis, hembristas y demás herramientas coercitivas que se postulan a ser precisa y retorcidamente los Neomachismos.

Es decir, una negación que puede estribar en cierta parte a esa pérdida de control de lo establecido, aunque irónicamente se conozca la desigualdad y se quiera batallar en ella, al enfrentamiento mutuo por visibilizar esa evidencia ( Y en este comportamiento caemos también muchas veces las mujeres).

Estoy con aquel artículo de Ácida (http://www.feministasacidas.com/2013/11/la-feminista-de-la-mierda/) visibilizamos toda la estructura patriarcal e intentamos actuar en ella destruyéndola. Esto nos hace volvernos unas locas del coño literalmente porque a todo le subyace el patriarcado e intentar evidenciarlo y combatirlo es complicado y agotador. Pero aquí viene el nuevo golpe,una barrera con la que nos encontramos en el camino y que procede precisamente de un “ala amiga”, de la buena izquierda, del compañerismo aférrimo, de aquel/lla que tienes al lado en la lucha de clases. Y¿ cómo enfrentarse a ella sin que puedan tildarte de demagoga, hembrista/feminazi, cómo ser lo más fiel que puedas a tus principios, romper las propias estructuras a las que hemos estado sometidas y visibilizarlas de una manera que no sea agresiva para su aceptación?

He aquí lo complicado. Desde el respeto y el aprendizaje mutuo se puede aprender, pero no hay una manera no agresiva de romper barreras, no hay una manera dulce de cambiar las cosas. Porque la comodidad sí es pacífica, y elegir el camino contrario es echarte la escopeta al hombro y entrar en un coto de caza donde la veda está abierta y tú eres la presa.

Desde aquí me reafirmo. El diálogo armado de argumentos es una bala en esta batalla. Me reafirmo en la teoría de Kate Millet cuando dice “lo personal es político” y así hay que tomárselo, y me reafirmo en que nosotras, las mujeres, tenemos la hegemonía y el mando de la lucha feminista, y así ha de ser. Una última cosa:

Si te importa, habla. Si te callas eres cómplice. No debemos temer al enfrentamiento ni huir de él. En nuestra convicción reside nuestra fuerza.

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